poetry

TIRA EL CUELLO HACIA ATRÁS

18 April 2018

TIRA EL CUELLO HACIA ATRÁS
y pregúntate qué fue de ella.
Arroja los ojos al suelo,
a un coche destartalado,
al pavimento que tolera
la torpeza de tus pasos.

La banqueta se desdobla frente a tu sombra,
bajo tu hosca respiración.
Pronto flaquearán tus rodillas, tus convicciones
en la penumbra idiota del arrepentimiento.

Deja de preguntarte qué fue de ellos
a quienes obsequiabas tus secretos
—qué fue de tus secretos.

Qué fue de tu frente clara, sin surcos.
A quién tiras tus migajas cada tarde,
desde una banca decrépita.
Tus manos enmudecen ante el temblor
de tu conciencia.

Sigue por ese tramo sin señalamientos.
Oye esa carcajada espontánea, libre,
que pasa junto a ti, que ya va lejos.
Por qué te llenas de rabia.

Es la misma banqueta—mírala,
descolorida por tus mil escupitajos—
que desemboca pálida, seca,
en el umbral de tus párpados.

No es entrada ni salida,
tampoco una puerta: lo que atraviesas
—cuando llegas a casa—es el recuento
de tus intentos, rancias plegarias.

La silla—aquella que descansa
en ese hueco, sin propósito—
gime de hartazgo bajo el hedor
de tu cuerpo obsoleto.

Finges no escuchar los muebles
—viejos rencores mascullados con furia.
Dónde dejaste el aceite que disimula
el hastío de las cosas.

Dónde los suspiros que te quedaban.
Quién te lamió por última vez
la dentadura marchita que cultivas
todas las noches frente al lavamanos.

Acaricia el picaporte otra vez.
Entra o sal—lo que tú creas.
Mira a los lados, tira el cuello hacia atrás.
No pasan los pájaros.


TILT YOUR HEAD BACK and wonder
what happened with her.
Turn your gaze to the street,
to a ramshackle car,
to the pavement that bears
the clumsiness of your steps.

The sidewalk unfolds before
your shadow, under your surly breath.
Knees tremble and convictions waver.
What happened to them,
the people you trusted?

Where’s your clear, unfurrowed brow?
For whom do you scatter crumbs
every night on abandoned park benches,
your hands frail before the trembling
of your consciousness.

Go on walking without a sign.
Hear laughter, spontaneous, free
passing you by out of reach.
Why are you so full of rage?
It is the same path, look at it,
a spittle-stained gray
that flows pale and dry
to the threshold of your vision.

At home, in the darkness
pretend not to hear the furniture
old grudges muttered mutinously,
dry, tired fury under the weight
of your aging body.

Stare in the mirror, and ask yourself
who tasted for the last time
your empty mouth, the ruined teeth
you clean every night
at the stained kitchen sink?

Touch the doorknob again.
Go inside, or outside, look to both sides
then up at the sky:
no birds.


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